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Aislamiento social

aislamiento social

aislamiento social

Aislamiento social

El aislamiento social genera problemas psicológicos. Psicólogos Granada podemos ayudarte a superar el aislamiento social a tí y a tus hijos. 

Debido al estado de confinamiento al que nos hemos visto forzados, muchos hemos podido “sentir” los efectos del mismo en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

El aislamiento social (AS) es un gran generador de estrés en nuestra sociedad, aunque existen fenómenos más extremos en otras culturas, como el caso de los “Hikkikomori” en Japón, donde se estima que más de quinientos mil jóvenes pertenecen a este grupo o fenómeno social.

Rehúyen el contacto social físico y se recluyen en sus hogares (o más bien en sus habitaciones) sin apenas salir.

Por supuesto, el que se haya convertido en un fenómeno social en el país del sol naciente, no significa que sea un comportamiento saludable, sino todo lo contrario, también es conocido como el síndrome de aislamiento social juvenil.

Aunque pueda parecer algo lejano para nosotros, e incluso que tenga que ver más con las características de la cultura oriental propia del país, ya se han reportado casos de jóvenes que en España que se han recluido “voluntariamente” del mundo exterior.

A este tipo de comportamientos se les está dedicando mucho esfuerzo para su estudio e investigación, debido al gran impacto que tiene sobre el individuo que lo padece y sobre toda la sociedad que lo fomenta, cuando un problema tan grave como aislarse voluntariamente del mundo se convierte en un “fenómeno social” debido a la cantidad de personas que lo padece, no estamos ante un problema del individuo (o al menos no solo del individuo), sino a un problema de la sociedad en la que habita.

¿Cómo de amenazante y/o exigente perciben el mundo exterior como para preferir aislarse en su propio cuarto saliendo únicamente para satisfacer sus necesidades básicas?

Sin embargo, en este artículo, no hablaremos de las posibles causas de este fenómeno social, sino de los efectos perjudiciales que tiene el AS en nuestro comportamiento, y la estrecha  relación que mantiene con el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT).

 ¿Cuál es la relación entre ambos fenómenos AS_TEPT?

Por supuesto, no es lo mismo tener que vivir en un semisótano en Madrid conviviendo con más de 10 personas, que haberlo pasado en un chalet con patio, piscina y cantidades ingentes de luz.

Sin embargo, más allá de las características particulares de cada uno, lo que a todos nos ha ocurrido es que hemos perdido parte del control sobre nuestra vida, incluso aunque tuviéramos una vida con cierta similitud en la que una gran parte de ella transcurriese en nuestro hogar, había dejado de ser nuestra decisión. Falta de control, incertidumbre, ansiedad, estrés…

El estrés generado por el AS está reconocido como un factor de riesgo por sus efectos perjudiciales tanto en la salud física como mental.

El TEPT por su lado ocurre como resultado de experiencias vitales traumáticas que percibimos como amenazantes para nuestra supervivencia, y que incluyen la re-experimentación del trauma (intrusiones cognitivas), síntomas evitativos y distorsiones cognitivas y emocionales, como sus principales síntomas.

En una revisión sistemática publicada por Vlachos, I.I. et al. (2020), sobre los fundamentos  neurobiológicos  involucrados en el aislamiento social y el TEPT, los resultados parecen mostrar que el aislamiento social puede influir en la predisposición, el inicio y el resultado del TEPT en los seres humanos (y en los animales).

Ambos fenómenos cuentan con mucha literatura a sus espaldas aunque principalmente con animales (sobretodo en el AS), por las propias limitaciones que tienen ambos para estudiarlos con humanos.

El modelo animal del AS es considerado válido para el TEPT en el sentido de que la investigación llevada a cabo con animales (principalmente ratas) aislados socialmente presentan síntomas que recuerdan a la forma de presentación del TEPT en seres humanos: ansiedad, respuestas contextuales de miedo, fallo en la extinción del miedo, alteraciones cognitivas, agresividad y cambios neuroendocrinos (Zhang, L et al. 2019).

Investigaciones sobre la implicación del AS en la alteración del Sistema Nervioso

Los vínculos sociales tienen una gran importancia en el bienestar psíquico y físico de las personas.

El AS es un factor de riesgo aumentando la aparición y/o comorbilidad con otros trastornos mentales y la tasa de mortalidad tanto en humanos como en animales. En diferentes estudios llevados a cabo con ratas en laboratorios, se han medido y analizado distintos efectos de este sobre distintos índices directos o indirectos del estado mental y físico de los animales.

Vargas, J. et al. (2016) observaron un incremento en los niveles de citoquinas proinflamatorias, de cortisol (la hormona del estrés), de catecolaminas en la orina, y una mayor aparición de obesidad y diabetes de tipo II; todos estos efectos influyen en la inmunidad, el control de la inflamación ante enfermedades, y una peor regulación de los genes responsables de las respuestas de los glucocorticoides.

Por su parte, Tada, H. et al. (2016), investigaron los efectos del aislamiento social neonatal, observaron cómo aumentaba la fracción estable de la actina, la cual depende de los glucocorticoides, y cómo estas dinámicas alteradas de las espinas de las actinas podrían explicar disfunciones corticales en el Córtex Prefrontal medial que conducen a un comportamiento social alterado en estadios posteriores de la vida.

En cuanto a recuerdos aversivos (principio nuclear del TEPT), Liu, J.H. et al. (2015) comprobaron cómo ratones adolescentes aislados socialmente fueron incapaces de olvidar estos recuerdos un mes después de producirse el evento original, debido al incremento que se produjo de factor neurotrófico derivado del cerebro, en la zona del hipocampo.

Estos son solo algunos de los efectos que se han demostrado que es capaz de producir el aislamiento social en la estructura y el funcionamiento del sistema nervioso. Nuestro cerebro tiene una gran plasticidad y se adapta al contexto para sobrevivir.

Nuestro comportamiento tiene la capacidad de modificar estructuralmente nuestro cerebro, y este modifica nuestro comportamiento en consecuencia.

Más allá de los experimentos con animales, en los cuales se puede observar directamente cómo se ha modificado nuestro sistema nervioso, una de las poblaciones donde se pueden observar los cambios comportamentales que produce el aislamiento social y observar sus efectos directamente en humanos, es la población presidiaria de los EEUU.

A 16/06/2020 ocupa el 1er puesto en proporción de presos por habitantes, 655 por 100.000 habitantes, según la web www.prisonstudies.org, actualizada mes a mes. No solo cuentan con la mayor tasa de presos por habitantes sino que también utilizan el aislamiento como técnica de castigo dentro de las cárceles.

Los presos aislados mostraron mayores índices de malestar psíquico general comparado con el resto de presos, así como una gran abanico de síntomas: ansiedad, ataques de pánico, depresión, síntomas psicóticos, auto-mutilación, e incluso suicidio (Lee, J. 2016).

La falta de apoyo social después de sufrir un evento traumático es un factor de riesgo para la aparición de un posible TEPT; así mismo, la presencia de apoyo social ayuda a reducir la severidad de los síntomas y la rapidez de su recuperación (Charuvastra, A. et al. 2008).

La hipótesis de los 3 impactos de Daskalaskis et al.

Como soporte teórico para la psicopatología subyacente a los eventos estresantes, nos valdremos del concepto de los 3 impactos de la vulnerabilidad y la resiliencia propuesto por Daskalaskis et al. basado en la interrelación de estos impactos entre ellos: la predisposición genética, los eventos adversos en las etapas tempranas de la vida y la aparición de psicopatología en el entorno en etapas posteriores de la vida.

De acuerdo con esta hipótesis, el estrés temprano de leve a moderado (en animales) puede contribuir a la inoculación de estrés y a la adaptabilidad del eje hipotalámico-pituitario-adrenal para futuros eventos adversos, es decir, un estrés bajo ayudaría a nuestro sistema psiconeuroendocrino a potenciar nuestra resiliencia y nuestra adaptabilidad al entorno y a sus demandas; mientras que el estrés temprano de moderado a severo podría afectar más allá de a la funcionalidad de este eje, a la activación de la amígdala, al procesamiento y a la retención del miedo, así como aumentar la vulnerabilidad a estresores y trastornos relacionados con el estrés en etapas posteriores de la vida.

Debido a esto, la interrelación entre estos 3 impactos se produciría de la siguiente forma:

  1. El intercambio dinámico entre la genética y los eventos estresores en etapas tempranas de la vida,
  2. su efecto en las funciones neuroendocrinas y las modificaciones epigenéticas, conformando un fenotipo que puede adaptarse y resistir (resiliencia), o sucumbir a los trastornos mentales (vulnerabilidad),
  3. cuando se enfrenta a estresores en etapas posteriores de la vida.

En Psicológos Granada tenemos en cuenta todos estos datos técnicos y los aplicamos a tu bienestar. Traducimos toda esta información y la aplicamos de forma sencilla en tu día a día en nuestra terapia psicológica.

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